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 La Enfermedad y La Cura (Roy y Kalia)

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Hija de la Luna
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MensajeTema: La Enfermedad y La Cura (Roy y Kalia)   06/12/07, 12:35 am

La Enfermedad y La Cura

El cuerpo de Roy se estaba recuperando de una pelea. Había sido reñida, pero su esposa le esperaba en la casa, debía llegar allí.

Esa noche era hermosa.

Luna creciente, estrellas brillantes.

Y una niña tomando a un perro en brazos.

Era una imagen demasiado hermosa…

Pensar que pronto él tendría a su niño o niña en sus brazos y serían tan bello como esa niña que trataba de atrapar al canido, el cual se le escapaba, se alejaba un poco ladraba y se quedaba esperándola.

Esta lo atrapó, sin notar a una persona que la miraba.

- Perdóname, perrito, pero mi señora necesita de ti… Está herida, ¿sabes?

La niña hacía lo que los niños hacían, hablar con sus mascotas como si estas le fueran a responder…

Pero esta vez había algo raro, que le llamó la atención al hombre.

La niña llevó su puño derecho al pecho y lo movió de allí a su cadera, en un gesto raro al que el perro respondió bajando la cabeza y acercándose.

Esta vestía elegante, como una muñeca en blanco, un traje que no era de criada definitivamente, pero parecía abatida, como alguien que ha sufrido mucho.

- Sabía que lo entenderías… Perdóname.

Lo siguiente fue que trató de alzarlo con gran esfuerzo, el perro inmóvil y juntos se giraron para irse.

Pero ella lo vio.

No sabía porque, pero le dirigió una sonrisa cómplice.

Luego ella desapareció entre las sombras, dejándole de recuerdo sus ojos rosados y el rostro blanco que la caracterizaban como una niña albina.

Al día siguiente el perrito apareció muerto…

Algo le había mordido y se había desangrado, seguramente de manera lenta.

Fueron unos 5 años para volver a ver esa imagen de santa en la niña.

Era neonato…

No recordaba realmente lo que sucedió.

Solo recordaba los ojos rojos, pero sabía que la había visto en algún momento.

La niña estaba erguida frente a un niño más alto que ella. Su rostro, sospechosamente escondido en el cuello de este.

El niño pareció no notar nada y cuando fue soltado, corrió a jugar, como si no pasara nada.

Pero la niña seguía parada allí.

Y esta vez lo miraba con ojos tristes al verlo.

- Se ha repetido la historia…

Era una frase fría, de alguien que conoció lo que era estar en el lado de la persona frente a ella.

Pero Roy no pudo responder.

- Trataré de conseguirte ayuda.

¿Ayuda para que?

Como si nunca hubiera estado allí, desapareció entre las sombras nuevamente.

Pero siguió apareciendo.

Una y otra vez, aparecía y lo miraba…

Algunas veces se había atrevido a responderle.

De cierta forma le había tomado afecto.

Le llamaba por nombres, ya que no sabía el verdadero, a ver si podía borrar esa cara de inocencia engañosa y sacar más que unas tristes palabras de ella…

Pero nada.

Ella aparecía, le enseñaba algo, a veces, se sentaba con él mientras bebía, le traía algún que otro obsequio de algún lugar lejano y desaparecía.

A veces charlaban…

Como la esposa e hija de Roy fueron muertas…

Como los padres de Kalia lucharon para protegerla del mal…

Pero ambas historias siempre terminaban igual.

Los padres de Kalia muertos y ella abrazada por un Lasombra del Sabbat.
Ella siendo rescatada por una mujer.

Roy no comentaba mucho, ya que no recordaba mucho de lo que había sucedido, pero sabía que era del sabbat y que las transformaciones no eran amables… nunca, ni siquiera en los inicios, cuando Kalia había sido tomada del resguardo de su hogar.

Y ella no hablaba de las torturas por las que había pasado antes de llegar a donde estaban.

Pero cada cual tenía las marcas de lo que no se había dicho.

La niña con su color de ojos invertido, que no le permitía ver a la luz.

El hombre, con su cuerpo gastado y forjado para la lucha.

Pero un día no regresó para acompañarlo en su trago…

Cualquiera hubiera pensado que había tenido algo que hacer.
Pero él sabía bien.

Por alguna razón se había ido…
Y no regresó por treinta años.



Hasta que llegó el siglo XIX
Había entrado a un bar con la intención de beber algo fuerte.

Mucho había pasado en los últimos cincuenta años que no había visto a su querida enana.

Y ella estaba allí.

Uno de sus criados la había llevado, la mantenía sentada en una silla alta de la barra, un whiskey delante de ella.

Su mirada fría se mantenía en el vaso y sus rulos blancos cubrían el rostro.

Se la veía desaliñada y en lugar de su clásico vestido blanco llevaba uno negro.

Por una noche, los papeles se invirtieron.

Ella le llamaba gigante del demonio, se veía al borde del colapso nervioso, buscaba pelea adrede y espantaba a todos los que se le acercaban a menos de cinco metros de distancia.

Sea lo que sea que le había sucedido, había cambiado sus impecables modales, dando a entender que era capaz de maldecir en más de un idioma y crear palabras de alto calibre.

Su lúgubre aspecto, dio lugar al de enojo, enterrando cualquier otro sentimiento con pataletas y berrinches, ironía, mal carácter y desprecio.

En más de una ocasión deseó darle una bofetada.

Pero al parecer salía de un velatorio…

Para mantenerse cuerda ella se había rodeado de mortales, tratando de recordar esos sentimientos humanos que se habían perdido con el tiempo. Los sentimientos de familia y pertenencia.

Su señora había sido enterrada en letargo y ella ahora permanecía sola.

Esa misma noche la vio pelear.

Había conseguido la furia que necesitaba para seguir, cuando un hombre no muy alto le trató de pedir a su criado que la sacase, ya que el lugar no era para menores.

Sin moverse, brazos de oscuridad emergieron de su espalda, hechos con las sombras del lugar.

El hombre jamás olvidaría el horror de los ojos rojos clavados en él, ni el hecho de que unos brazos fuertes lo empujaron contra una pared del local.

Roy no olvidaría esa furia blanca, que brillaba por los poros de la nena.

Para bien o para mal, ambos pertenecían al mismo bando y necesitarían el uno del otro.

Ella era la experiencia y él el poder, causando un dúo fuerte frente a adversidades.

Mientras ella era llamativa y contaba con la influencia para controlar los humanos, él era la fuerza bruta.

No era que ella no pudiera pelear, pero, como en una ocasión le comentó, no poseía el cuerpo adecuado para la lucha, por lo que se había concentrado en hacerse de la parte social, creando una empresa…

Pero eso no le impedía salir de cacería…

Eran compañeros en la caza, incluso en algunas ocasiones compartían refugio.

Sabía que eso era la vida de Roy y ella era parte también, así que su sociedad siguió así, hasta que un día ella se despidió.

Decía que su empresa la necesitaba…

Pero se sabía que no era lo único.

Al parecer temía que alguien atentara contra sus protegidos, criados que en más de una ocasión Roy pudo conocer.

Desde entonces ella no se alejaría del lugar…

Pasando los últimos años encerrada.

Y dejando un regalo para él.

Una caja musical, que llevaba ella desde hacía siglos

Y que prometió regresar a buscar algún día.





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